PUERTO PEÑAS

 

PATA NEGRA EN LA SIERRA DE AROCHE: OCHO PUEBLOS DE HUELVA Y EL SUR DE PORTUGAL SE RENUEVAN.
19-06-2001
EL VIAJERO: EL PAIS SEMANAL. Texto: Carlos Pascual

Algo está sucediendo en los Picos de Aroche, uno de los ángulos más ensimismados de toda la raya con Portugal, ese vacío escurridizo y negro que tan bien abocetó Delibes en Los santos inocentes.

Por las cimas de la sierra norte onubense comienza a vislumbrarse un horizonte de esperanzas europeas, las del Programa Horizonte 2006 (dentro de la iniciativa europea Interreg III), que está galvanizando a ocho municipios, cuatro portugueses y cuatro españoles: Aroche, Encinasola, Rosal de la Frontera, Paymogo, y sus simétricos portugueses, Moura, Barrancos, Serpa y Mértola. El manojo de acciones va desde impulsar excavaciones arqueológicas o restaurar monumentos hasta recuperar molinos o senderos rurales, promover ferias y encuentros, o editar una revista bilingüe llamada Agenda Raiana / Rayana.

Aunque el programa aún está en el horno, ya los primeros frutos son algo tangible. La revista bilingüe les ha contado a los de aquí que las touradas a la española de Barrancos (con muerte del bicho, cosa prohibida por ley en Portugal) motivaron un escándalo nacional el pasado verano; los de Barrancos se enteraron de que fue en Encinasola donde Viriato (que ellos consideran suyo) perdió los dientes de leche. Los de Rosal de la Frontera han estado al tanto de los festivales de teatro de su gemela Serpa, y en ésta han sabido que en la frontera de Rosal fue cazado Miguel Hernández, convertida ahora la cárcel en Casa de Cultura donde celebran jornadas hernandianas. A Paymogo le toca de pariente Mértola, una población mágica del Alentejo.

Moura, el buque insignia del olivar luso, es la gemela de Aroche.

Y Aroche es una gran sorpresa.

Oscurecida un poco por la sombra y labia de Aracena (antes, la sierra de Aracena se llamaba de Aroche), es cabeza de una serranía no muy empinada, pero sí accidentada, y de exultante fragosidad: entre encinas y alcornoques se abren dehesas donde trotan cerdos negros, cuyos muslos son el oro púrpura de la cuenca. Poco a poco se van asentando industrias para procesar los derivados del cerdo ibérico, y también el corcho. Desperdigados por el paisaje, los cortijos sueñan con ser reconvertidos en habitaciones rurales.

Aroche no conserva demasiados monumentos, pese a ser heredera de dos asentamientos, Arucci y la romana Turóbriga. De época almorávide es el castillo, cuya plaza de armas fue convertida en plaza de toros. En la iglesia aneja trabajaron firmas de postín, en tiempos renacentistas. La cilla, o convento de Jerónimos, acaba de ser recuperada. Hay algunas casonas nobles del XVIII, pocas. De los baluartes que en las guerras con Portugal jugaron papel importante, apenas queda nada.

La estampa de grabado decimonónico se repite en Cortegana, al lado de Aroche. También allí el castillo remata un cerro cuajado de casas apiñadas. Y lo mismo en Almonaster la Real, un poco más adelante. Sólo que allí de castillo queda poco, ya que con sus lajas se levantó una iglesia y un foso taurino. El templo cristiano se amasó sobre una antigua mezquita. Hoy se utiliza tanto para actos culturales como religiosos, cristianos y a veces islámicos. Más adelante, Alájar se derrama de manera mansa bajo la Peña de Arias Montano, el humanista encargado por Felipe II de preparar la Biblia Políglota; Arias Montano es uno de nuestros heterodoxos oficiales, valga el disparate, por las propiedades magnéticas y esotéricas que atribuía a ese peñasco, pero sobre todo por ser listo como el hambre, y salirse de la horma. Entre castaños, robles y quejigos se esconden pueblos como Castaño del Robledo o Fuenteheridos. Queda ya sólo un paso hasta Aracena, la que históricamente le ha robado protagonismo a Aroche y la ribera más oculta del Guadiana.